El baccarat tiene fama de ser un juego de altas apuestas envuelto en misterio, pero sus reglas son de las más simples del casino. Hay exactamente tres apuestas sobre la mesa, y la matemática detrás de cada una es fácil de explicar con claridad.
Las tres apuestas, en términos simples
No apuestas por tu propia mano de cartas — apuestas por cuál de dos manos, Banca o Jugador, terminará más cerca de un total de 9, o si empatarán. El crupier juega ambas manos según reglas fijas; no hay decisiones basadas en habilidad durante la ronda en sí.
La Banca tiene la menor ventaja de casa de la mesa
Gracias a una pequeña comisión que la casa cobra sobre las victorias de la Banca (normalmente 5%), la apuesta a Banca aun así termina con una ventaja de casa de alrededor de 1.06% — una de las más bajas de cualquier apuesta del casino, rivalizando con el blackjack bien jugado. La apuesta al Jugador queda cerca, con aproximadamente 1.24%, todavía una opción sólida y de baja ventaja.
La apuesta a Empate es la trampa que conviene evitar
Una apuesta a Empate suele pagar 8 a 1 o más, lo que resulta tentador junto al modesto pago de la Banca. Pero los empates son lo bastante raros como para que la ventaja de casa en esta apuesta suela superar el 14% — con diferencia, el peor número de la mesa. Cuanto mayor es el pago anunciado, peor suele ser la probabilidad real detrás.
Por qué la simplicidad es la estrategia real aquí
A diferencia del blackjack, no hay un árbol de decisiones que memorizar, ni ventaja de conteo de cartas que perseguir. Todo el consejo estratégico del baccarat cabe en una frase: apuesta a Banca, evita el Empate, y trata el resto como el coste incorporado de la casa por jugar un juego rápido y simple.